Verano de payasos

Cada viernes, vamos con todo el querer para hacer lo que Dios pone en el corazón para sembrar la semilla de las buenas noticias a los corazoncitos de los niños que con tanto entusiasmo nos están esperando cada semana, en el parque de Canillejas.

«La rutina» de los payasos para nosotros es nueva cada día (no es una rutina), como la misericordia de Dios con nosotros y con las personas que están recibiendo la bendición de Dios a través de esta manera de evangelización.

En el guion titulado «El regalo», se habla del mejor regalo que Dios tiene para todos, que es la salvación a través de Jesús su Hijo y todas las promesas que cumplirá si nos acercamos a Él de corazón.

¿Quién no se acuerda de su infancia y los payasos en el circo, en los programas de la tele y las fiestas de cumpleaños? Los payasos llegaron a ser nuestros amigos con sus risas, sus bromas, sus meteduras de pata y sus caras pintadas de colores. Los niños y los payasos se llevan bien y si pudieras ver las caras de los niños en la foto verías la misma expectación, el mismo interés, la misma sonrisa que teníamos nosotros en nuestra niñez.

Los niños del barrio en verano esperan a ‘sus’ payasos todos los viernes por la tarde en el parque. Acuden con ilusión y los payasos también; es cosa de amigos, de amistad y en este contexto hablamos con ellos de otro amigo que está siempre presente: Jesús. Cantamos, bailamos, jugamos, enseñamos valores e intentamos mostrar que Dios no es un Dios distante, confinado dentro de las cuatro paredes de los templos sino un Dios de las calles, de los parques y de las familias. Un Dos que sale y que a la vez es un Dios alegre, que se regocija con nosotros, que nos ama, se interesa por nosotros, está presente y quiere ser nuestro amigo.

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© 2014 por Johnny Bärnreuther